REVISTA EN GENÉRICO NÚMERO 42
mbicioso, vanidoso y persuasivo. Estos son los tres adjetivos que Matt Remick ( Seth Rogen ), un alto ejecutivo de Hollywood que aterriza como jefe máximo en la productora Continental Studios, podría incluir en la tarjeta de visita de su nuevo empleo. Un curro anhelado en el que intentará la cuadratura del círculo: hacer realidad su aspiración de producir obras maestras del séptimo arte, y la de sus jefes, que no es otra que conseguir que lo que salga de sus manos sean megataquillazos muy rentables. Una misión (casi) imposible que actúa como hilo conductor de la última creación de Rogen (que además de interpretar a Matt es también su guionista y director) y su inseparable Evan Goldberg : The Studio (Apple TV+ España). Una sátira despiadada de la fábrica de sueños que, a lo largo de diez episodios de media hora nos muestra desde las entrañas de la industria cinematográfica los entresijos de un negocio donde los egos no caben en una sola oficina y en el que decisiones que enunprincipiopuedenparecer triviales provocan catástrofes de proporciones épicas. The Studio explora con deleite el caos que se esconde detrás del glamour de las producciones cinematográficas de Hollywood. Desde un principio, Matt se enfrenta a una pléyade en la que cohabitan directores con caprichos infinitos, estrellas que exigen un protagonismo absoluto y ejecutivos más preocupados por las cifras y la caja que por el cine en sí. Una burbuja de cartón piedra por la que deambulan personajes grandilocuentes y banales que no son conscientes de la absurdidad e irrelevancia de muchas de sus acciones. Diez capítulos que recorren todas y cada una de las fases de producción de una película, desde el casting hasta la promoción, y que sacan a la luz los trapos sucios y los mil problemas que surgen durante un rodaje. Se tratade una sitcom al uso, unaparodia hollywoodiense donde en cada episodio se producen varios incendios que tantoMatt como su equipodeben sofocar. Reuniones que se eternizan sobreminucias, discusiones sobre el egode los actores, filtraciones que se convierten en tormentasmediáticas y estrenos que parecenpredestinados al desastre: un caos continuoque haría llorar a MarieKondo de impotencia. Ésa es la señade identidad de una serie que nosmuestraun ecosistema inestable en el que todos corren comopollos sin cabeza. Una tragicomedia congrandes dosis de ironía en laque quienes pretenden controlar Hollywood se danuna y otra vez conunmurode realidad: esHollywoodquien siempre los controla a ellos. Desde el punto de vista técnico, destacan unos planos secuencia largos que persiguen a los personajes por pasillos y despachos abarrotados, dando una sensación de velocidad que ya quisiera Adrian Newey para el Aston Martin de Fernando Alonso . Y a ello contribuye en gran medida la banda sonora del batería Antonio Sánchez , compositor de Birdman ( Alejandro G. Iñárritu , 2014), cuya percusión de jazz hipnótico imprime intensidad y ansiedad a unas escenas que discurren en sets caóticos, en los que las cámaras ruedan sin descanso y las oficinas parecen a punto de estallar. Otro aspecto destacado es, sin ninguna duda, los cameos. Más allá de las interpretaciones de Catherine O'Hara (la sensei de Matt, Patty Leigh), Ike Barinholtz ( thank you , Sal Saperstein), Kathryn Hahn (Maya, la jefa de marketing), Chase Sui Wonders (la ambiciosa Quinn Hackett) o Bryan Cranston (Griffin Mill, el peor jefe del mundo), por The Studio se pasean interpretándose a sí mismos, entre otros, gente como Martin Scorsese , Charlize Theron , Steve Buscemi , Ron Howard , Paul Dano e incluso, con mucho sarcasmo, el CEO de Netflix, Ted Sarandos . Es como el desfile de estrellas en The Player ( Robert Altman , 1992), un Hollywood pura performance , donde tarde o temprano todos terminan participando en la farsa. The Studio , heredera directa de The Larry Sanders Show , la comedia de Garry Shandling que en los años 90 destapó todo lo que se cocía en la trastienda de los late night , tiene el ritmo coral de una misa góspel en la Abyssinian Baptist Church de Harlem y la vis corrosiva propia del ácido clorhídrico. Una mezcla de otras joyitas como 30 Rock (en España se llamó Rockefeller Plaza) o Veep , aderezadas con el toque de mordacidad de la británica The Thick of It y la incomodidad del falso documental de The Office . Casi nada... y Apple TV+ ya anunció que habrá una segunda temporada. ¡Ahí lo dejo! LA SERIE The Studio : cuando Hollywood se interpreta a sí mismo JUAN NIETO Director de Comunicación FEDIFAR THE STUDIO EXPLORA CON DELEITE EL CAOS QUE SE ESCONDE DETRÁS DEL GLAMOUR DE LAS PRODUCCIONES CINEMATOGRÁFICAS DE HOLLYWOOD A ocio www.aeseg.es | 31
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